El sistema de control para negocios que atienden en mesa: cuentas individuales, caja que cuadra y factura electrónica saliendo de la misma venta.
180 días de prueba con su propio negocio. Sin tarjeta. Su cuenta queda lista al instante.
Seis personas en una mesa y una sola cuenta. Un mesero que entregó «casi todo». Una comanda que nunca llegó a la cocina. Un fiado que nadie apuntó.
No es que le estén robando. Es que no puede saberlo.
Cada persona de la mesa escanea el QR y tiene su propia cuenta desde el primer pedido: ve lo que pidió, lo que va pagando y lo que debe, en su celular. Dos se van temprano y pagan lo suyo; los demás siguen. Nadie recalcula nada.
El cliente escanea y pide. Quien no quiera registrarse, entra como invitado.
Cada pedido llega a su estación al segundo, y el mesero recibe el aviso en su propio celular.
Efectivo, Nequi, Daviplata, banco o Bre-B. Pagos mixtos y propina aparte.
Al cerrar, usted cuenta el efectivo físico. El sistema ya sabe cuánto debería haber: descuenta lo que los meseros todavía no han entregado, suma los abonos a crédito, saca las propinas aparte e ignora los pagos anulados.
Y le muestra el descuadre, con el desglose por medio de pago. Además sabe cuánto efectivo le debe entregar cada mesero esta noche.
Seis cosas que sus clientes notan la misma noche y que un software contable no le va a dar, porque no fue hecho para una mesa a las once de la noche.
Sus clientes buscan su canción y la mandan a la cola desde el celular. Con fichas y tope diario, para que nadie monopolice la noche, y con la reproducción controlada por la barra — no por el cliente.
Se acabó el «¿quién pidió qué?». Cada persona ve lo suyo en su celular, paga lo suyo y se va cuando quiera. Los demás siguen sin recalcular nada.
Cacho, billar, rana o tejo. Al cerrar la partida se marca al perdedor y el consumo se carga a su cuenta, sin que nadie apunte nada.
Cortesías y chat entre mesas, con la otra mesa aceptando o rechazando. Al invitado le llega el aviso a su celular. Eso es consumo que antes no ocurría.
El cliente califica al salir. Al que quedó contento el sistema lo lleva directo a dejar su reseña; al que no, usted se entera antes de que la escriba.
No es un mensajito en una pantalla que nadie mira: es una notificación real que suena y vibra aunque la app esté cerrada. Y el sistema mide cuánto tardaron en atender.
Un sistema que solo le sirve al dueño no lo usa nadie. Este le da algo a cada uno de los tres, y por eso se sostiene después de la primera semana.
Escanea el QR y pide. Sin descargar ninguna app.
Su propio celular es la terminal. Se instala como app, una vez.
Desde el celular, la tablet o el computador del local.
Una carta de restaurante no es una lista de cervezas. Al crear su negocio elige el tipo, y el catálogo pasa de plano a compuesto: líneas de negocio, categorías, productos con sus componentes y opciones.
Término, tamaño, adiciones, salsas. Lo que elige cambia el precio en su pantalla, y el servidor vuelve a calcularlo antes de aceptar el pedido: nunca se fía de lo que diga el celular.
Cada carta tiene su franja horaria y el sistema la hace cumplir de verdad, tanto en el celular del cliente como en el POS. No es un aviso: es un bloqueo.
Cada estación ve sus pedidos y los avanza —preparando, listo, entregado— y el cliente lo ve moverse en su celular sin preguntarle a nadie.
Si el cliente pide su hamburguesa con doble queso, lo que baja del inventario es el queso. El stock refleja lo que de verdad salió de la nevera.
Nuevas, recién construidas, y ya disponibles para activar cuando usted quiera — no algo que le prometemos para después.
Atiende a sus clientes por WhatsApp, entiende lo que piden, arma la venta y cobra. Escucha notas de voz y lee fotos, y pasa la conversación a una persona cuando toca.
Elige entre 240 estilos de diseño ya armados, la personaliza con su nombre, su ciudad y su historia, y la publica cuando esté lista. Sin escribir una sola línea de código.
Lo que cualquier sistema debería tener, funcionando de verdad y sin pedirle que lo teclee dos veces. Nada de esto le va a sorprender — pero si faltara, no serviría.
Sale de la venta que usted ya registró, sin volver a teclear nada en otro programa. El sistema comprueba que su resolución esté vigente antes de numerar.
Cada cliente tiene su cupo. Al llegar al tope, el sistema no deja vender más. No es una alerta que se pueda ignorar: es un bloqueo.
Su negocio tiene su propia base de datos, separada de la de cualquier otro.
Entran desde su propio celular, a una app que instalan una vez. Ven solo sus mesas del día. Y ven sus propinas en vivo — por eso les gusta.
Se lo mostramos con su propio negocio. Si no le sirve, se lo decimos nosotros mismos.
Su negocio tiene su propia base de datos, separada de la de cualquier otro. Respaldos automáticos y exportación cuando quiera.
Facturación anual — el equivalente a dos meses de regalo frente a pagar mes a mes. 180 días de prueba con su propio negocio. Sin tarjeta.
Cree su cuenta y empiece a operar hoy. 180 días completos, sin tarjeta.